¿Qué es un ataque de pánico y qué hacer cuando te pasa?
- Rhema Centro de Psicoterapia
- 17 jun
- 4 min de lectura
Actualizado: 23 jun

De repente el corazón se acelera. Te falta el aire. Hay un hormigueo extraño en las manos, o una sensación de que todo a tu alrededor no es del todo real. Algunas personas describen que sienten que van a morir, que les va a dar un infarto, o que están perdiendo el control por completo.
Si alguna vez te pasó algo así, sabes que no se olvida fácil. Y la pregunta que casi siempre sigue es: ¿qué me pasó?
Esto es lo que necesitas saber.
Qué es un ataque de pánico
Un ataque de pánico es una oleada repentina e intensa de miedo o malestar que llega a su punto máximo en pocos minutos, generalmente entre cinco y veinte. Viene acompañado de síntomas físicos muy fuertes: taquicardia, dificultad para respirar, sudoración, temblores, mareo, sensación de ahogo, náuseas, y a veces una sensación de irrealidad, como estar separado de uno mismo o de lo que está pasando alrededor.
Lo que hace que un ataque de pánico sea tan perturbador es que el cuerpo reacciona exactamente como si hubiera un peligro real e inminente, aunque objetivamente no haya nada amenazante pasando. El sistema de alarma del cuerpo se activa al máximo sin que haya una causa externa que lo justifique.
Por eso tanta gente termina en urgencias la primera vez que les pasa. Los síntomas se parecen mucho a los de un infarto, y el miedo que genera es real y muy intenso, aunque el cuerpo no esté en peligro real.
Por qué pasa esto si no hay ningún peligro
El cerebro tiene un sistema de detección de amenazas que normalmente funciona bien: identifica un peligro real, activa al cuerpo para reaccionar, y cuando el peligro pasa, todo vuelve a la calma.
En un ataque de pánico, ese sistema se activa sin que haya un peligro externo real. Puede ser una acumulación de estrés que el cuerpo ya no puede sostener. Puede ser ansiedad que lleva tiempo presente y que en algún punto se desborda. Puede aparecer en situaciones específicas, o completamente de la nada, incluso mientras alguien duerme.
Lo importante es entender que el cuerpo no está fallando ni rompiéndose. Está reaccionando con un mecanismo de supervivencia que se activó de más, no porque algo esté mal contigo, sino porque el sistema nervioso llegó a un punto de sobrecarga.
Qué hacer en el momento de un ataque de pánico
Cuando está pasando, lo más difícil es recordar que va a pasar. Pero ayuda saber esto:
Recuerda que tiene un límite de tiempo. La intensidad máxima dura pocos minutos. No es agradable, pero termina. No estás en peligro real aunque tu cuerpo lo sienta así.
Respira de forma consciente, no profunda. Mucha gente intenta respirar muy profundo durante un ataque de pánico y eso a veces empeora la sensación de falta de aire. Funciona mejor exhalar más lento de lo que inhalas: por ejemplo, inhalar contando hasta cuatro y exhalar contando hasta seis. Eso ayuda a regular el sistema nervioso poco a poco.
Pon los pies en el piso, literalmente. Sentir el contacto físico con el suelo, tocar algo con una textura definida, nombrar cinco cosas que ves alrededor, son formas de traer la atención al presente y salir del bucle de pensamientos catastróficos.
No luches contra la sensación. Pelear contra el ataque de pánico, intentar que se detenga por fuerza de voluntad, generalmente lo alarga. Dejar que pase, aunque sea incómodo, suele acortarlo.
Qué hacer después de que pasó
Después de un ataque de pánico es común sentirse agotado, asustado de que vuelva a pasar, o avergonzado si ocurrió en público. Todo eso es parte de la experiencia y no significa que hiciste algo mal.
Lo que sí vale la pena observar es si esto fue un episodio aislado, ligado a un momento de estrés muy específico, o si se está volviendo más frecuente. Si ya tuviste varios ataques de pánico, si estás empezando a evitar lugares o situaciones por miedo a que vuelva a pasar, o si vives con miedo constante de que ocurra otro, eso ya merece atención profesional.
Por qué la terapia ayuda con esto
Los ataques de pánico se pueden trabajar y reducir significativamente con terapia psicológica. No se trata solo de aprender técnicas de respiración, aunque esas ayudan en el momento. Se trata de entender qué está generando esa sobrecarga en el sistema nervioso, trabajar la ansiedad de fondo que muchas veces los antecede, y reconstruir la relación con el propio cuerpo para que deje de sentirse como una amenaza constante.
Con el tiempo y el acompañamiento adecuado, los ataques de pánico tienden a disminuir en frecuencia e intensidad, y muchas personas dejan de vivir con el miedo anticipado de que vuelva a pasar.
Si esto te ha estado pasando
No tienes que esperar a tener varios episodios para buscar ayuda. Si ya tuviste uno y te preocupa que se repita, ese también es un buen momento para empezar.
En Rhema acompañamos procesos individuales para trabajar ansiedad y ataques de pánico. Atendemos de forma presencial en San Pedro Garza García y en línea para toda la república mexicana.



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